Estudios sobre psilocibina vinculan el tratamiento con cambios duraderos en los valores y menor miedo a la muerte
Los estudios sobre psilocibina hallaron cambios duraderos en los valores de vida de voluntarios sanos y una reducción del miedo a la muerte en contextos terapéuticos. Los ensayos también han informado beneficios en pacientes con cáncer.
Una sola dosis de psilocibina puede provocar cambios duraderos en los valores vitales de una persona, como una mayor apreciación por la vida y una mayor autoaceptación. Los estudios han demostrado que la psilocibina, el ingrediente activo de los llamados “hongos mágicos”, puede ayudar a los pacientes a afrontar su miedo a la muerte, mientras que otros estudios hallaron que los psicodélicos aliviaron la depresión, la ansiedad y la sensación de indefensión en pacientes con cáncer, quienes informaron que seguían sintiendo esos beneficios más de 4 años después de un único tratamiento.
Investigadores han llevado a cabo ensayos clínicos tempranos para evaluar si este compuesto químico puede ayudar a tratar trastornos de salud mental. Algunos ensayos han explorado su uso en el trastorno depresivo mayor, la ansiedad asociada a cánceres avanzados y el trastorno por consumo de alcohol. Los resultados iniciales indican que el fármaco podría facilitar cambios en las creencias y en el bienestar subjetivo.
Un equipo académico realizó un ensayo doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo en 89 participantes adultos sanos que no tenían trastornos psiquiátricos actuales ni previos. A cada participante se le asignó recibir 25 miligramos de psilocibina, 10 miligramos de psilocibina o un placebo inactivo, y el fármaco del estudio se administró en cápsulas idénticas para evitar que los participantes supieran qué dosis habían recibido.
Los participantes tomaron las cápsulas en un entorno clínico controlado y supervisado. Un terapeuta capacitado y un acompañante supervisaron a cada persona durante varias horas mientras el fármaco hacía efecto, y el equipo evaluó a los voluntarios el día 8 y el día 85 después de la sesión de dosificación.
Los resultados del estudio revelaron que la psilocibina no alteró los rasgos básicos de personalidad ni los síntomas psiquiátricos en este grupo específico. Sin embargo, los investigadores sí observaron cambios claros en los valores personales entre quienes recibieron cualquiera de las dos dosis activas del fármaco, en comparación con el grupo placebo. Los participantes informaron una mayor apreciación por la vida y niveles más altos de autoaceptación. También mostraron una búsqueda de sentido más intensa y una mayor preocupación por los demás.
Estos cambios duraderos parecen estar impulsados por efectos agudos específicos del fármaco, en particular sentimientos de profunda unidad y euforia. Las personas que describen sentimientos de conexión espiritual o una sensación de disolución del ego suelen mostrar los mayores cambios psicológicos a largo plazo.
Un diagnóstico terminal suele ir acompañado de la anticipación de dolor, sufrimiento, presión financiera y de la propia muerte. En un estudio de 2022 con más de 3.000 adultos, los investigadores encontraron que tomar el fármaco en un entorno terapéutico hacía que los participantes tuvieran menos miedo a morir, de manera similar a cómo una experiencia cercana a la muerte puede aliviar ese temor.
En ensayos clínicos con pacientes gravemente enfermos, los participantes recibieron la intervención en tres fases: terapia de preparación, una sesión de dosificación de 8 horas y una sesión de integración. Durante la sesión de dosificación de 8 horas, los pacientes permanecían recostados en un sofá en una habitación tranquila y cómoda, con antifaz y escuchando una lista de reproducción musical acordada, mientras dos terapeutas se sentaban cerca, en su mayor parte en silencio salvo por controles periódicos y en caso de que el paciente necesitara ayuda.
Algunos pacientes de mayor edad pueden experimentar un aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, mientras que otros han experimentado ansiedad y paranoia. Siguen existiendo barreras importantes, incluida la clasificación federal de los psicodélicos como sustancias de la Lista I, aunque algunos estados las han despenalizado para uso terapéutico.