Los recortes de Trump a la financiación científica avivan el temor a una fuga de cerebros en EE.UU.
Los recortes del gobierno de Trump a la financiación científica en Estados Unidos han avivado el temor a una fuga de cerebros, con miles de subvenciones canceladas y científicos que buscan oportunidades en el extranjero. Expertos advierten de que estas pérdidas podrían dañar la innovación biomédica y debilitar la economía del país.
Los continuos ataques del gobierno de Trump al ámbito académico y sus recortes a la financiación de la investigación científica han abierto la puerta a que otros países capten investigadores de Estados Unidos. Expertos advirtieron que los recortes a la ciencia podrían reducir la economía estadounidense en casi 1 billón de dólares a lo largo de 10 años, mientras los científicos jóvenes han lidiado con subvenciones canceladas, despidos y congelaciones de contratación.
Un estudio publicado en septiembre por la Information Technology and Innovation Foundation advirtió que, si no se revierte la situación, los recortes a la ciencia podrían reducir la economía estadounidense en casi 1 billón de dólares en 10 años. Eso podría hacer que EE.UU. quede rezagado frente a China, que está invirtiendo fuertemente en investigación.
En abril de 2025, los federal Centers for Disease Control and Prevention emitieron su alerta de salud pública más reciente sobre las “superbacterias”, cepas bacterianas resistentes a los antibióticos. Estos gérmenes farmacorresistentes son responsables de más de 3 millones de infecciones en EE.UU. cada año, y causan la muerte de hasta 48.000 estadounidenses. A escala mundial, estos patógenos en gran medida intratables contribuyen cada año a casi 5 millones de muertes.
Bajo el gobierno de Trump, miles de jóvenes científicos estadounidenses han afrontado oleada tras oleada de disrupciones. Miles de millones de dólares han sido eliminados de los presupuestos de investigación, se han cancelado casi 8.000 subvenciones solo en los National Institutes of Health y la US National Science Foundation, y más de 1.000 empleados de los NIH han sido despedidos. El año pasado, más de 10.000 expertos posdoctorales en campos científicos y afines abandonaron la fuerza laboral federal en 14 agencias de investigación, y la cifra de empleados que se marcharon superó a la de nuevas contrataciones en una proporción de 11 a 1.
Investigadores afirmaron que los recortes de miles de millones de dólares en contratos de los NIH hicieron imposible que los laboratorios mantuvieran sus equipos, dejándolos ante la disyuntiva de pagar tarifas de mantenimiento exorbitantes o abandonar los experimentos. Con la actual congelación de contrataciones en los NIH, “no había forma siquiera de postularse para iniciar tu propio laboratorio en los NIH, por bueno que fueras o por crítico que fuera tu trabajo”.
El gobierno también se prepara para pedir al Congreso que recorte en 20% la financiación de los NIH en el presupuesto fiscal de 2027, lo que pone en riesgo miles de subvenciones de investigación destinadas a encontrar tratamientos y curas para el cáncer, el Alzheimer, las enfermedades infecciosas y otras dolencias. A las subvenciones de los NIH para investigación médica se les atribuye haber generado un retorno de más de 2,5 a 1 sobre la inversión de los contribuyentes, al generar 94.580 millones de dólares en nueva actividad económica en el año fiscal 2024.
La disrupción ya ha provocado salidas. Un ingeniero en robótica de Cambridge, Massachusetts, firmó en mayo para dirigir un nuevo laboratorio de robótica en el Research Institute for Biomedical Artificial Intelligence de Austria y trasladó a su familia a Viena. Su primera tarea fue contratar a científicos de primer nivel, y ayudó a reclutar a un equipo de cuatro procedente de laboratorios de investigación estadounidenses de Yale, M.I.T., el California Institute of Technology y la University of California, San Francisco.
La fuga de cerebros ha suscitado temores de que la ciencia estadounidense esté siendo privada de su savia vital. Sin los NIH impulsando la innovación en su núcleo, EE.UU. dejaría de tener el mayor ecosistema biomédico del mundo.