Una sobreviviente de cáncer de cuello uterino insta a confiar en los instintos y buscar segundas opiniones
Samantha Gonzales-Russell, sobreviviente de cáncer de cuello uterino en tres ocasiones, insta a los pacientes a confiar en sus instintos, buscar segundas opiniones y abogar por sí mismos. Enfatiza que síntomas persistentes como sangrado anormal o dolor nunca deben ignorarse, y que el apoyo a la salud mental debería ser parte de la atención del cáncer desde el principio.
Samantha Gonzales-Russell, sobreviviente de cáncer de cuello uterino en tres ocasiones, anima a los pacientes con cáncer a confiar en sus instintos, buscar segundas opiniones y seguir defendiéndose cuando algo no parece estar bien. Después de su tercer diagnóstico, se negó a aceptar que no quedaban opciones y contactó a múltiples especialistas hasta encontrar un equipo en Los Ángeles dispuesto a realizar una cirugía de exenteración pélvica. Para ella, sentirse escuchada y respetada era tan importante como las credenciales del proveedor.
Ella enfatizó que los sobrevivientes conocen mejor sus cuerpos. Síntomas persistentes como sangrado anormal, dolor inexplicable o cambios digestivos nunca deben dejarse de lado. Específicamente para el cáncer de cuello uterino, identificó el sangrado anormal y el dolor anormal como grandes señales de alerta, y señaló que también tuvo problemas digestivos con su primera y segunda recurrencia. Cuando las preocupaciones son descartadas o atribuidas a causas menores, insta a los pacientes a dejar de esperar, exigir respuestas y encontrar un nuevo médico que los escuche.
Su consejo para los pacientes que buscan el equipo de atención adecuado es ser minuciosos, abogar por uno mismo como persona y como paciente, y confiar en los instintos. Ella describió haber tenido muchas conversaciones con diferentes médicos y aprender a prestar atención a cómo respondía cada uno. A veces las respuestas llegaban a través de la orientación médica, pero otras veces era simplemente la sensación de que un proveedor realmente escuchaba, se tomaba el tiempo y validaba sus preocupaciones. Esa persistencia la llevó al equipo que le salvó la vida.
Adaptarse a la vida después del tratamiento significó aprender a vivir con dos ostomías permanentes, asistir a terapia y darse permiso para llorar la vida que una vez conoció mientras redefinía una nueva normalidad. Dijo que el procesamiento emocional es tan importante como la recuperación física, y que el apoyo a la salud mental debería integrarse en la atención del cáncer desde el principio. Su mensaje para los demás es seguir haciendo preguntas, explorar múltiples opiniones y continuar buscando hasta encontrar clínicos que lo escuchen a uno y apoyen plenamente sus necesidades.