Nuevos estudios aclaran cómo el virus de Epstein-Barr desencadena la esclerosis múltiple
Dos nuevos estudios aclaran cómo el virus de Epstein-Barr puede desencadenar la esclerosis múltiple: uno muestra una respuesta duplicada de las células T CD4+ en pacientes no tratados, mientras que otro revela que las células B activadas por el VEB causan inflamación cerebral en ratones. Los hallazgos apuntan a posibles terapias dirigidas a la actividad inmunitaria específica del VEB.
Los investigadores están obteniendo un conocimiento más profundo sobre cómo el virus de Epstein-Barr (VEB) contribuye a la esclerosis múltiple (EM), con dos estudios que revelan respuestas distintas de las células inmunitarias que podrían orientar nuevas terapias. Si bien el VEB infecta a más del 95% de los adultos a nivel mundial, menos del 1% desarrolla EM, y la investigación ahora apunta a la actividad específica de las células T y B como motor de la enfermedad.
Un estudio publicado el 15 de julio en Science Translational Medicine encontró que las personas con EM no tratada montan una respuesta inmunitaria duplicada al VEB, caracterizada por una mayor actividad de las células T CD4+, un tipo de célula inmunitaria que desencadena inflamación. El análisis comparó muestras de sangre de individuos sanos, pacientes con EM no tratada y aquellos que reciben terapias para la EM. Los tratamientos comunes para la EM disminuyeron significativamente las células T CD4+ específicas del VEB y eliminaron el VEB en la saliva. Los investigadores concluyeron que la reactividad preferencial de las células T CD4+ al VEB es una característica clave de la EM, lo que proporciona un marco para desarrollar terapias dirigidas al VEB, incluidas vacunas y antivirales.
En experimentos separados, científicos que utilizaron ratones de laboratorio con un sistema inmunitario similar al humano observaron que, después de la infección por el VEB, las células B se volvieron inusualmente activas y viajaron al cerebro. Allí liberaron señales que atrajeron a las células T, y juntas estas células inmunitarias causaron inflamación y daño cerebral temprano que imita las etapas iniciales de la EM. Cuando los investigadores usaron un fármaco para eliminar las células B, hubo muchas menos células T en el cerebro y mucha menos activación inmunitaria. Los hallazgos sugieren que el VEB podría poner en marcha la EM al alterar el comportamiento de las células B, lo que a su vez atrae a las células T al sistema nervioso central.
La idea de que la respuesta del sistema inmunitario al VEB reacciona de forma cruzada con la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas dañadas en la EM, es una de las principales explicaciones de cómo el virus contribuye a la enfermedad. Se sabe que otros factores como la genética, el sexo, el tabaquismo, la obesidad y la vitamina D baja influyen en el riesgo de EM, pero se considera que el VEB es un desencadenante necesario. Investigaciones anteriores dirigidas por Harvard mostraron que el VEB aumenta 32 veces el riesgo de desarrollar EM.
Los tratamientos actuales para la EM suprimen en gran medida el sistema inmunitario para reducir las recaídas y frenar la progresión. Algunas de las terapias más eficaces se dirigen a las células B mediante anticuerpos monoclonales como ocrelizumab, rituximab y ofatumumab, que reducen el número de células B y pueden disminuir el conjunto de células infectadas por el VEB. Si bien estos fármacos mejoran los resultados, pueden aumentar el riesgo de infecciones y afectar la respuesta a las vacunas. Los nuevos conocimientos sobre las respuestas inmunitarias específicas del VEB podrían impulsar el desarrollo de tratamientos más dirigidos y vacunas contra el VEB, aunque actualmente ninguna está aprobada.