Un metaanálisis de la edad cerebral apunta a su potencial como biomarcador en los trastornos mentales
Un metaanálisis de 68 estudios halló que los pacientes con trastornos mentales mostraban de forma consistente una mayor edad cerebral que los controles sanos. Los mayores efectos se observaron en los trastornos del espectro de la esquizofrenia y en los trastornos neurocognitivos.
La investigación en neuroimagen sugiere que la edad cerebral podría convertirse en un biomarcador potente para diagnosticar trastornos mentales, con diferencias claras en la edad cerebral entre distintas afecciones. Una revisión sistemática y un metaanálisis incluyeron 68 estudios que examinaban la edad cerebral en los trastornos del DSM5, y los pacientes con trastornos mentales mostraron de forma consistente una mayor edad cerebral que los controles sanos.
La edad cerebral refleja cuán envejecido parece el cerebro en la neuroimagen en comparación con la edad cronológica. El interés por la edad cerebral ha crecido porque muchas afecciones psiquiátricas muestran un envejecimiento acelerado, lo que sugiere una vulnerabilidad biológica mensurable, mientras que el diagnóstico psiquiátrico tradicional se basa en síntomas, que a menudo se superponen y evolucionan.
El mayor efecto se observó en los trastornos del espectro de la esquizofrenia, con una d de Cohen = 3.49, IC del 95%: 2.62 a 4.37, p < 0.05, seguidos por los trastornos neurocognitivos, con una d de Cohen = 3.27, IC del 95%: 2.31 a 4.24, p < 0.05, y los trastornos del estado de ánimo, con una d de Cohen = 1.41, IC del 95%: 0.69 a 2.14, p < 0.05. Los trastornos del neurodesarrollo mostraron un aumento medio menor de 0.60, y el análisis confirmó diferencias significativas con F = 5.13, p = 0.004.
Los investigadores han vinculado la alteración de la edad cerebral con disfunción en las principales redes neuronales implicadas en la cognición y la regulación emocional. Estos hallazgos indican que la edad cerebral podría complementar la evaluación clínica y mejorar la confianza diagnóstica, mientras que los investigadores subrayan que los estudios longitudinales son esenciales para confirmar la fiabilidad y comprender cómo cambia la edad cerebral con el tratamiento y la progresión de la enfermedad.
También serán necesarios protocolos de imagen estandarizados y su integración en los flujos de trabajo clínicos. Si se valida, la edad cerebral podría respaldar el pronóstico, monitorizar la respuesta terapéutica y refinar los sistemas de clasificación.