Informe de caso analiza una posible relación entre las vacunas de ARNm contra la COVID-19 y los cánceres hematológicos
Un informe de caso publicado en Oncotarget describe a una mujer de 38 años que desarrolló leucemia linfoblástica aguda y linfoma linfoblástico poco después de su segunda dosis de la vacuna de ARNm contra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech. Los autores revisan casos similares, señalan posibles mecanismos inmunitarios y destacan que la causalidad no está demostrada, por lo que piden una vigilancia de seguridad a largo plazo más robusta.
Un informe de caso publicado en el Volumen 17 de Oncotarget el 6 de febrero de 2026 examina una posible conexión entre la vacunación con ARNm contra la COVID-19 y el desarrollo de cánceres hematológicos. El informe, liderado por la primera autora Patrizia Gentilini junto con el autor de correspondencia Panagis Polykretis, de la Fundación "Allineare Sanità e Salute" y la Independent Medical Scientific Commission (CMSi), Milano, presenta un caso detallado de una mujer sana y deportista que desarrolló leucemia linfoblástica aguda y linfoma linfoblástico poco después de recibir su segunda dosis de la vacuna de ARNm contra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech.
El informe de caso se centra en una mujer de 38 años que comenzó a experimentar síntomas relacionados con el sistema inmunitario al día siguiente de su segunda dosis de vacuna de ARNm contra la COVID-19. En cuestión de meses, fue diagnosticada de un cáncer hematológico agresivo que afectaba a linfocitos en etapas tempranas. Aunque inicialmente logró una remisión completa mediante quimioterapia, posteriormente presentó una recaída en el sistema nervioso central y se sometió a un trasplante de células madre. La secuencia de acontecimientos plantea interrogantes sobre si la respuesta inmunitaria inducida por la vacuna pudo haber contribuido al inicio o a la progresión de la enfermedad.
Para aportar un contexto más amplio, los autores revisaron varios otros informes que describían casos de cáncer similares tras la vacunación contra la COVID-19. Estos incluían linfomas, leucemias y otros trastornos hematopoyéticos. En muchos casos, los síntomas aparecieron poco después de la vacunación. Aunque estos episodios siguen siendo infrecuentes, los autores sostienen que los patrones merecen un estudio más detallado.
Los autores analizan posibles mecanismos, entre ellos la inmunosupresión, el aumento de la inflamación y la interferencia relacionada con la vacuna con proteínas clave protectoras frente al cáncer, como p53. Una preocupación destacada en el informe se relaciona con las nanopartículas lipídicas utilizadas para administrar la vacuna, que podrían circular más allá del lugar de la inyección y alcanzar órganos como la médula ósea. Los autores señalan que los cambios en la señalización inmunitaria, las respuestas de anticuerpos y el material genético podrían, en determinadas condiciones, crear un entorno favorable para el desarrollo de cáncer en individuos susceptibles.
Desde el punto de vista mecanístico, el informe plantea varias vías superpuestas: inmunosupresión yuxtapuesta a estados hiperinflamatorios, desregulación transitoria de elementos supresores de tumores como p53 y un entorno de citocinas alterado que podría comprometer la diferenciación normal de los linfocitos y la apoptosis. La posibilidad de que las nanopartículas atraviesen más allá del locus de inyección y se localicen en nichos de médula ósea podría, hipotéticamente, perturbar el microambiente hematopoyético e influir así en la transformación maligna en un huésped con predisposición genética o inmunológica.
Los autores enfatizan que no se ha establecido una relación definitiva de causa y efecto. Aunque el caso no demuestra que la vacunación haya causado el cáncer, se suma a un pequeño conjunto de evidencia que sugiere que las alteraciones inmunitarias derivadas de las vacunas de ARNm deberían estudiarse más a fondo. Los autores advierten contra confundir correlación con causalidad y abogan por marcos reforzados de farmacovigilancia y estudios longitudinales de seguridad a medida que las vacunas de ARNm evolucionen más allá de las enfermedades infecciosas hacia la oncología terapéutica y los trastornos genéticos.
"El riesgo carcinogénico asociado a estas tecnologías, que desde hace tiempo es conocido en el ámbito de la terapia génica, representa un área de investigación que no puede ignorarse, dado el principio fundamental de la medicina 'primum non nocere' (primero, no hacer daño)."
Los autores subrayan la importancia de continuar con la vigilancia de seguridad a largo plazo a medida que las tecnologías de vacunas de ARNm se amplíen a otros usos. Comprender posibles riesgos raros es esencial para garantizar decisiones de salud pública informadas, manteniendo al mismo tiempo la confianza en los programas de vacunación. La publicación hace un llamamiento a la colaboración multidisciplinaria que incluya inmunólogos, oncólogos, biólogos moleculares y epidemiólogos para desentrañar las complejas relaciones entre la tecnología vacunal y la homeostasis celular.